viernes, 20 de marzo de 2015

Con los ojos del asesino

Podía escuchar el latido de su corazón que latía atronador alcanzando los fuertes gritos que daba suplicando por su vida. Sus ojos, turbios por las lágrimas y su cara de desesperación eran abrumadoras. Veía como su labio inferior temblaba ante su agitada respiración y temía por lo que le iba a ocurrir. Parecía tan insignificante abrazando sus rodillas en aquella esquina oscura de la habitación que nadie diría que aquel hombre pudiera ser uno de los grandes políticos del país, tan soberbio, tan miserable. Mi corazón se encogió ante aquella escena, yo siempre los había amado incondicionalmente, pero desde la última vez que me asomé a ver lo que sucedía ese amor se había convertido en repugnancia antes algunos de estos personajes. Robaban a la gente más necesitada, mataba a otros seres humanos como ellos, eran avariciosos... No podía creer lo que veían mis ojos, no quería creerlo. Así que un día bajé, y aquí estoy, delante de ese ser apunto de asesinarlo.
- Por.. favor - apenas se le entendia entre el llanto y la saliva de su boca - Ten piedad..
- La piedad es para quien se la merece, no para quien la rechaza - mi lado oscuro me invadió por completo y pude notar como no sentía ninguna compasión por él - Tranquilo, no vas a sufrir.
Lloraba como un niño pequeño y sus súplicas aumentaron ante mi amenaza. Me acerqué un poco a él sentándome sobre los talones delante de él, apoderándose contra la pared no dejaba de mirarme. Le puse una mano en el hombro y pareció relajarse de repente, con la yema de los dedos índice y corazón de la otra mano le toque la frente. Tan sólo con el desliz de mis dedos por su sudorosa frente se desvaneció y murió.

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