lunes, 26 de enero de 2015

Decepción

¿Qué haces cuando te das cuenta que lo único que pensabas que se te daba bien no es suficiente, que no es tan perfecto como tu lo imaginabas?
Es difícil darte cuenta de algo así y de quedarte como si no pasara nada. Te encuentras en un punto en el que no sabes que camino cojer y en el que te gusta eres más que indiferente, una mota de polvo es más importante que tú.
Es una sensación realmente desagradable, igual que no dar pie con bola por mucho que te esfuerzes. Es un verdadero asco.
Tu mismo te propones mejorar pero te das cuenta de que no sirves para ello, solo te acercas pero nunca lo consigues, que siempre te vas a quedar en un segundo puesto y que a nadie le vas a importar.
Mi sueño es ser escritora o pintar profesionalmente, pero por lo que se ve, ninguno de los dos lo hago bien. Negada para escribir una novela con expresiones más o menos bien formuladas y elegantes, y negada para dibujar de manera tan realista como para que le guste a la gente. No sé por qué me esfuerzo. Supongo que me gustaría que alguien importante me dijera alguna vez que lo que hago es bueno y no basura.
Solo es otra de mis preocupaciones estúpidas que me hacen apartarme de todo, no es nada grave.

¿Qué opinais de este dibujo? Se supone que es uno de mis ídolos, Jensen Ackles. Sólo espero que os guste.

domingo, 25 de enero de 2015

Momentos duros

Hay momentos duros por los que pasas sin ninguna razón, sin saber por qué y te preguntas qué has hecho mal para llegar a ese punto. Puede que no tengas culpa de lo que te sucede, aunque por otro lado si puedes tenerla. Entonces llega ese momento en el que no dejas de pensar el por qué de las cosas y le das vueltas y más vueltas hasta que tu cerebro te ordena que pares mandando una orden directa a tus ojos para que te entretengan derramando lágrimas sin ton ni son.
Después de llorar y pasar ese mal trago, llegas al siguiente paso: enfadarte con el mundo. Puede que este periodo de tiempo sea el más duradero y el más conflictivo. Te enfrentas a personas que no tienen culpa y estás a la defensiva todo el tiempo. Te niegas a pensar que eso te está pasando y proyectas esa negativa en forma de furia descontrolada e insana que aleja a tus seres queridos de ti.
Tras esto, llega de nuevo un periodo de llanto y culpabilidad, a la que se le suma el malestar del principio con el de haberlo pagado con tus seres queridos. Para mí este es el peor.
Por último llega un periodo de aceptación en el cual ya éstas más o menos recuperado del daño y deseas seguir adelante con tu vida, mejorándola e incluso poniéndote metas que nunca antes te habías impuesto.
Por lo tanto, ¿es bueno pasar por esos horribles momentos? ¿Recompensa a la larga el hacerlo? ¿Es mejor evitar ese sufrimiento? He aquí mi moraleja.

lunes, 12 de enero de 2015

La cruda realidad

Me dolia el pecho de una marera espantosa tanto que no pude contener. Pensaba que te iba a perder sin poder hacer nada para evitarlo y el corazon se me destrozaba por momentos. La cama era demasiado grande sin ti y tan fria si tu no estabas en ella. Un sudor pesado me bañaba el cuerpo y no me dejaba descansar haciendo que diera vueltas sin sentido en la cama a la vez que no cesaba de llorar como un niño pequeño. Te marchaste asi, sin mas. Nunca debi pensar que serias mia para siempre, cuando mas te necesitaba no estabas a mi lado, para decirme que no sucedia nada que estabas aqui otra vez.
El pensar en estos momentos en el trabajo casi me producia nauseas... tener que ir alli y no poder verte sentada en tu escritorio concentrada entre tus cosas preparando tu seccion, porque seguramente no te encuentre alli dentro de unas horas. Y pensar que todo esto se ha ido a la mierda por mi culpa, porque no queria cambiar mi forma de pensar y darme cuenta de que habias conseguido despertar en mi algo que era mas grande de lo que yo podia manejar, un sentimiento que me habia sido desconocido toda mi vida. Y ahora me doy cuenta de esto, ahora que no te tengo a mi lado y ya no quieres saber nada de mi. Soy consciente de que te he hecho demasido daño y me duele. Me da rabia que no me hubiera dado cuenta antes solo cuando te he perdido, solo cuando ya no estas.
Una ducha de agua fria se que no me se va a llevar todo este dolor que me oprime el corazon y a duras penas me deja respirar sin dificultades. Ya ni la musica puede calmar mi miedo a perderte. Si tengo que vivir el resto de la vida con este dolor y sin ti prefiero no hacerlo, dejar de vivir pero, claro, seria demasiado facil.
El reloj de muñeca que llevo acaban de marcar las seis y media de la mañana, llevo toda la noche en vela sin poder dormir. Dentro de una hora debo de estar en la emisora y creeme sin te digo que no puedo ir. El tiempo pasa alrededor mia de forma imperceptible de lo rapido que va, mientras me organizo un poco para ponerme de camino al trabajo, pero si, esta vez ire andando haber si consigo despejar un poco mi mente.
No lo puedo evitar, tenia la esperanza de cuando entrara a la emisora encontrarte sentada en tu silla, y ver que esta vacia me a destrozado aunque no quiera admitirlo. Todo el mundo, escepto tu, esta en su correspondiente puesto de trabajo y, como tu dijiste, nadie me presta atencion mientras cruzo la estancia hasta mi despacho, no le caigo bien a nadie en la oficina y despues de tres años me doy cuenta ahora, soy un verdadero estupido.
Como siempre hay una reunion cuando llega la hora de empezar con el programa y esta vez tu no estas. Todos contamos de lo que vamos a hablar en este programa.
- ¿Que te pasa, Diego? - la directora, Tania, me mira inquisitiba - Estas como ausente y tienes muy mala cara, ¿no has dormido?
- No te preocupes, Tania - dije con un hilo de voz.
Era la primera vez que la llamaba por su nombre de pila en todo este tiempo y me sorprendio tanto como a ella que lo hiciera.
- Disculpad, prometo que no volvere a llegar tarde.
Conocia esa voz. No faltaba nadie mas asi que no podia ser otra persona mas que tu. Y eres tu. Un profundo sentimiento de alibio me recorre el cuerpo dejandome sin fuerzas como si, despues de una experiencia con mucha adrenaliana, esta se hubiera esfumado. Con tus ojos brillando como siempre color cafe, ese cafe que deseaba encontrarme todas la mañanas a mi lado. Después de todo, ahora me he dado cuenta. Se que es tarde... pero te quiero.

sábado, 10 de enero de 2015

Beautiful in white

¿Cree que puede llegar de ese modo a mi vida e irse sin más de ella, sin siquiera despedirse? ¿Qué yo estaré para él todo el tiempo que quiera y en el momento que quiera? ¿Piensa que no me duele lo que hace? Supongo que siempre le he importado lo mismo, nada, eso es lo que más me duele realmente. Siempre he intentado estar ahí para él, dándole le apoyo, toda la ayuda que necesitaba en todo momento, aconsejándole. ¿Pensaba que todo eso lo haría sin ninguna razón? Pues si era así estaba verdaderamente equivocado. Desde el primer día que lo ví en aquel lugar tan concentrado haciendo algo rodeado de un grupo de sus amigos supe que no podría quitármelo de la cabeza. Pensaba que no podría encontrar a alguien como él en alguna otra parte, por mucho que buscara.
Pero poco a poco a poco pasó de mi mente a mi corazón, pero no como yo hubiera esperado. Lo quería, eso estaba claro, pero no de la misma manera que tantos años atrás cuando empezamos a quedar como amigos, sino era mi mejor amigo y eso nada lo cambiaría.
Llegó un momento en el que todo parecía acelerarse y ir a cámara lenta a la vez. El tiempo pasó y por circustancias de la vida perdimos el contacto. En verdad, creo que fue lo mejor que me pasó. Esto conllevó a que saliera del todo de mi corazón dejando entrar así a otras personas. Bueno en realidad no se por qué lo digo en plural cuando en realidad sólo fue una.
Él entró en mi vida para no volver a salir nunca más. Con todo aquello me hice más fuerte de lo que era y él me hizo ser más, por lo menos junto a él todo parecía ser más fácil, más especial. Hizo que me sintiera especial para alguien, ser el centro de su vida (aunque sin dejar atrás todo aquello que le importaba como su familia o su trabajo). Después llegó aquel día en que celebrábamos una Navidad en mi casa. Todo el mundo sonreía y parecía saber algo que yo no, había un cierto aire de alegría y misterio alrededor de una chimenea encendida, una mesa llena de un gran variedad de platos para celebrar la venida de un Año Nuevo y de mi familia. Todo parecía perfecto hasta que las campanadas dejaron paso a un nuevo año. La familia se empezó a abrazar y cuando llegué a él, me besó tiernamente en los labios erizándome cada centímetro de el vello de mi piel. Tras un largo abrazo, sacó algo del bolsillo de su chaqueta e hincó una rodilla en el suelo quedando un poco más bajo que yo. Extendió una pequeña cajita roja de terciopelo hacia mí mirándome con unos ojos realmente hermosos por la luz que emitían y por la tensión entre la expectacíon y la alegría que sentía, con un cierto toque de miedo.
Entonces esas dulces palabras expresadas con su potente y delicada voz salieron de su boca acayando a toda la multidud que había en ese momento: "Te quiero, cásate conmigo mi amor".
Las semanas y los meses pasaron tras aquel día, y aquel delicado y sencillo añillo de plata se negaba a caerse de mi dedo. La verdad es que yo no dejaría que se cayese.
Llegó el gran día y todo parecía un sueño. Nuestros parientes y amigos más cercanos se encontraban en aquel hermoso y decorado con flores blancas templete del parque donde nos conocimos. Un piano tocando una marcha nupcial especialmente modificada para nosotros y un juez que nos esperaba allí, al igual que el resto de invitados y paseantes, para ser testigos de nuestro enlace. Entoces ya nada nos separaría. Pero aún quedaban más sorpresas. Mi recién nombrado esposo me cogió de la mano y me guió hacia el piano e, indicándo a la chica que tocaba el piano que comenzara a tocar, me besó. Conocía aquella canción que sonaba y entonces una voz junto a mi mejilla hizo que al final acabara por llorar. Mi marido cantaba una de mis canciones preferidas: "Beautiful in white" de Westlife, una canción muy buena para la ocasión. Ya no sabía si reir o llorar, pero solo sabía que amaba a aquel hombre por encima de cualquier cosa, que a partir de ese momento sería todo mío y que agradecía por encima de todas las cosas a aquel muchacho que me había enseñado a enfrentarme a la vida y agarrar fuerte y con las dos manos lo que realmente amaba.