Podía sentir como mi respiración se hacía cada vez más rápida y como mi cuerpo se estremecía cada vez que estaba a punto de entrar. El sudor ya formaba parte del juego que cada vez se hacía más fiero y frenético. El movimiento de caderas acompañando cada envestida era casi inevitable al igual que el grito cuando estaba a punto. Podía ver el fuego de sus ojos y ardiente frenesí que expresaba su cuerpo cuanto más largo se hacia el momento.
Y al acabar, bebíamos de nuestros vasos exhaustos y con ganas de continuar y seguir sin tener un por qué, sólo un hasta que el cuerpo aguante. Y de nuevo en posición, que comience el juego.
Los gritos de victoria de nuestros oponentes se hicieron más que presentes cuando acabamos esta última ronda de futbolín, pero no me daría por vencida tan fácilmente. Le eché una nueva moneda y comenzó de nuevo el juego.
domingo, 24 de mayo de 2015
Noche de Sábado
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario