domingo, 24 de mayo de 2015

Noche de Sábado

Podía sentir como mi respiración se hacía cada vez más rápida y como mi cuerpo se estremecía cada vez que estaba a punto de entrar. El sudor ya formaba parte del juego que cada vez se hacía más fiero y frenético. El movimiento de caderas acompañando cada envestida era casi inevitable al igual que el grito cuando estaba a punto. Podía ver el fuego de sus ojos y ardiente frenesí que expresaba su cuerpo cuanto más largo se hacia el momento.
Y al acabar, bebíamos de nuestros vasos exhaustos y con ganas de continuar y seguir sin tener un por qué, sólo un hasta que el cuerpo aguante. Y de nuevo en posición, que comience el juego.
Los gritos de victoria de nuestros oponentes se hicieron más que presentes cuando acabamos esta última ronda de futbolín, pero no me daría por vencida tan fácilmente. Le eché una nueva moneda y comenzó de nuevo el juego.

jueves, 14 de mayo de 2015

Las dos caras de la moneda

Hay dos cosas en la vida que nunca esperas que tengas que hacer: trabajar en algo que no te gusta y tener que pedir perdón. Posiblemente haya más cosas, que las hay, pero me quiero centrar en estas porque son dos cosas que te van a pasar casi seguro.
Pensar que tu vida con lo que quieres hacer no tiene futuro, pero aún así estas dispuesto a darlo todo por eso. Lo malo de todo eso es que siempre habrá ahí alguien que te diga que no hagas eso o que la jodiste, personas que no te apoyaran, y muchas de ellas son tus seres queridos. En ese momento te surge la necesidad de que aparezca en tu vida alguien importante en tu vida que si que te apoye y te de ánimos cada vez que estés deprimido. Si aparece ese alguien, guarda lo, mantenlo a tu lado.
Algunas veces sientes que debes disculparse por tu comportamiento, sobre todo si has perdido a una persona por ello. Hay que tragarse el orgullo por muy imposible que parezca y pedir perdón, aunque sea demasiado tarde. Pero es bueno y te hace sentir bien aunque la respuesta no sea positiva.
De vez en cuando... Hay que intentar ser valiente.

domingo, 10 de mayo de 2015

Caos

Hace ya un par de días de aquello, pero aún seguimos escondiéndonos siempre temerosos sin saber bien como actuar.
Quedamos pocos y los que aún seguimos con vida, si se puede llamar así, nos pasamos las horas asustados intentando vivir con lo poco que conseguimos contando que no cojamos la enfermedad.
La mayoría vemos el final demasiado próximo y no nos molestamos en luchar, pero otros no nos damos por vencidos y nos unimos a la resistencia protegiendo a los clave, los que se esfuerzan por encontrar una cura o una manera de combatir contra el caos que conlleva la enfermedad.
Pero... No estamos solos, hay peligros ahí fuera y debemos de tener coraje para enfrentarlos.
La lucha no será en vano... ¡Lo conseguiremos!

miércoles, 6 de mayo de 2015

No todo es lo que parece

- Tío, quiero presentarte a alguien - me dijo mi mejor amigo, Víctor, arrastrándome hasta un grupo de chicas que estaban bailando al son de la música que sonaba en aquella fiesta - Izan, esta es Carla. Carla, Izan. Un beso, ¿no?
Era una chica morena, no muy alta ni tampoco muy guapa, maquillada al máximo que intentaba sacarse un poco de partido con un vestido negro ceñido y mucho labial rojo en los labios. ¿De verdad tenía que hacer como si me interesase la chica después de aquel día tan pesado que llevaba? Saqué mi mejor sonrisa y comencé a hablar con la chica.
Salimos de la habitación y nos sentamos en un sillón en la entrada de la casa.
Parecía una buena chica y rápidamente comenzamos a estar más relajados el uno con el otro, pero por mucho que quisiera no me sentía con ánimos para aquello ese día. Me despedí y salí de la fiesta.
Entonces pasó. De camino a casa pude ver a lo lejos a mi padre, no estaba solo. Estaba con una mujer, que no conocía, caminando juntos hasta la entrada de una casa. En ese momento se besaron y entraron ambos a la casa de la mujer.
En ese momento no pude reaccionar, caí en la cuenta de que estaba llorando cuando sentí la humedad en mis mejillas. Salí corriendo sin un rumbo fijo. Corrí hasta quedarme sin aliento y me paré en una calle que no conocía desplomándome sobre la pared lleno de rabia.
Le di un golpe a la pared con el puño y caí al suelo con la espalda pegada a la pared.
- ¡Izan! - escuché una voz familiar a lo lejos acompañada de unos pasos apresurados que se acercaban a mi - ¿Estás bien? ¡Oye, Izan!
A penas había hablado antes con aquel chico, creo que solo un par de veces. Era Raúl, un chico nuevo que había llegado a clase hacía unos días.
- ¡Por Dios, Izan! ¡Estás sangrando! ¿Qué ha pasado? - el chico no paraba de mirarme por todos lados por si tenía alguna herida más.
- Tranquilo... Estoy bien...
- ¿Bien? Ven, te curaré eso antes de que se te infecte. Un poco más abajo está mi casa.
No sé por qué le hice caso, pero un momento después me encontraba sentado en su cama y aquel chico casi desconocido sanando las heridas de mis manos.
- ¿Por qué me ayudas? - dije en un susurro mientras secaba con una toalla húmeda la sangre.
- ¿A caso no debería? No importa lo que haya pasado y estás mal, tanto físicamente como por dentro... Lo noto... No creo que un poco de amabilidad le haga daño a nadie.
Cuando acabó de curarme, me vendó las manos. Ambos estábamos en silencio y, no sé como ni por qué, le comencé a contar todo lo ocurrido.
Me escuchó pacientemente todo sobre lo de mi padre, que quería ser escritor y mis padres se negaban y querían que estudiase Derecho... Todo.
- Es muy complicado... Pero yo creo que lo mejor es que te guíes por lo que te haga sentir mejor, hacer lo que quieren tus padres o lo que quieras tú. Con el tiempo tus padres se darán cuenta de que lo que importa es su realmente eres feliz con decisión que has tomado sea cual sea y te apoyarán. No te preocupes tanto, no te hace ningún bien...
Sabía que tenía razón y que me estaba preocupando demasiado. Aquel chico que tenía enfrente con aquellos grandes ojos verdes que me miraban con aquel brillo de esperanza tenía razón.
- Siento causarte tantas molestias, me voy a casa es tarde ya.
Me acompañó a la puerta y, como un impulso, le besé suavemente en los labios a modo de despedida.