miércoles, 17 de junio de 2015

¿Puede ser esto amor?

Cerré los ojos y respiré profundamente. No creo que sea capaz de llegar al final con esto, solo de pensarlo sentía como las mejillas se me ruborizaban. Es una mala idea...
Me giré para mirarle, seguía concentrada en su parte del trabajo y apenas levantaba la cabeza para mirar a otro lado. ¿Si lo hago?
Me levanté de la silla y me incline hacia ella. No, no puedo hacerlo... Hice el paripé como que estaba comparando las informaciones y me volví a sentar. Al cabo de un rato terminamos lo que teníamos que hacer y nos fuimos a mi cuarto para cojer el ordenador.
Si quería hacerlo debía de ser ya. La cogí de la mano para detenerla antes de llegar a la puerta de mi habitación y la abracé. Se sorprendió un poco pero soltó una risita y me devolvió el abrazo. Le di un beso en la mejilla, otro en la comisura de su labio y otro último en su dulce boca que duró un par de segundos. No me apartó ni puso mala cara, solo se quedó quita un poco sorprendida de mi reacción.
La volví a besar esta vez más detenidamente y noté como ella se unía al beso poco a poco.
- ¿Quieres que pare? - dije en un susurro con vergüenza.
¿Y si me decía que no le gustaba o que no quería nada conmigo? Era una posibilidad más bien demasiado probable contando que ella estaba saliendo con alguien. Me daba miedo que hubiera hecho todo aquello en vano después de tanto tiempo queriendo hacer eso. No pasó mucho tiempo hasta que negó con la cabeza haciéndome la persona más feliz en ese momento.
Le acaricié la nuca con los dedos mientras la besaba caminando lentamente hasta dejarla apoyada en la pared. Dándole pequeños besos fui bordeando su mandíbula hasta llegar al cuello. Noté como se estremecía con cada uno y su respiración se agitaba ligeramente. Después de todo ella también tenía cosquillas ahí.
Me pilló de imprevisto cuando me agarró del pantalón con una mano y con la otra me acariciaba la espalda.
Nuestras lenguas se entrelazaron y un segundo después estaba sobre ella en la cama. Esto iba demasiado rápido.
- Lo siento - me disculpé al ver que apenas podía controlar mi propio cuerpo ante toda aquella situación.
Mi cuerpo me pedía seguir con aquel juego, mis labios querían seguir besándola y mis manos acariciar cada centímetro se su cuerpo, pero no quería asustarla o que pensara que sólo la quería para ese tipo de cosas. La quería y no quería perderla por mi mala cabeza.
- No... No tienes por qué parar... - dijo en un susurro mirando hacia otro lado avergonzada por lo que acababa de decir.
Le quité la camiseta y los pantalones, y la contemplé durante unos minutos semidesnuda acariciando su piel tan blanca y suave que parecía que en cualquier momento se podría romper.
Sabía lo que tenía que hacer en aquel momento y quise dar lo mejor de mí.
Ella sujetó mi camiseta por la parte inferior dispuesta a deshacerse de ella, pero la detuve cogiendo tu mano suavemente y dándole un leve beso en la palma.
La cogí por la cintura y la puse sobre mi admirando de nuevo su piel. Le besé la clavícula y alce mis manos hasta sus pechos escondidos aún por el sujetador. Metí la mano por debajo y sentí su piel caliente bajo la palma de mi mano, su pezón que se endureció a mi paso. Le desabroché  el sujetador y lo dejé a un lado de la cama. Besé suavemente uno de los pechos y apreté entre mis labios el pezoncillo rosa. Pude escuchar un leve que gemido al hacerlo que me incitó a que siguiera.
La giré para que me diera la espalda y la recosté sobre mí besándola en el cuello. Acaricié su cuerpo mientras deslizaba mi mano derecha hasta el centro de su ser mientras con la otra le sujetaba uno de sus senos atrayéndola a mi.
Noté como se sobresaltaba a introducir uno de mis dedos dentro. Su respiración se agitó aún más y mis besos pasaron a ser ligeros mordiscos en la parte inferior de la oreja.
- Ahora necesito que me guíes y me digas en todo momento si voy bien - dije mientras movía el dedo acariciándole el centro.
No tenía que decir nada a penas, cuando le acariciaba en el lugar indicado se tensaba su cuerpo y su respiración se agitaba.
- Intenta retenerlo hasta que ya no puedas más y verás como se hace más placentero - sabía que ella tenía más experiencia que yo, pero también sabía que yo podría proporcionarle mayor placer del que nunca nadie le había dado.
Cuando llegó el momento, noté como comenzaba a temblar y sus gemidos eran muchos más fuertes, aunque los intentaba aplacar con besos ya que corríamos el riesgo de que nos escuchara alguno de mis compañeros de piso y nos interrumpieran.
Su cuerpo se encorvó y un gemido salió de lo más profundo de su garganta, un instante después mis dedos se encontraban envueltos de un líquido caliente.
Se puso a mi lado y nos quedamos frente a frente mirándonos. Estaba ruborizada y aun tenía la respiración agitada después de aquello. Me sonreía y me miraba de una manera diferente a la que siempre había hecho, no entendía lo que quería decirme con aquella mirada pero más o menos podía hacerme a la idea.
Después de un rato que pasamos en un abrazo caluroso, ella rompió el silencio.
- ¿Por qué no te has quitado la ropa? Bueno, y ya que estamos ¿por qué no me has dejado que te... ya sabes..., por qué solo me has hecho tu a mi?
Le dediqué una amplia sonrisa esperando no tener que decir nada más, pero ella insistió.
- Es difícil de explicar - dije y la besé acabando con la conversación.

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